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jueves, 16 de julio de 2015

¡De excursión! ¡A urgencias!

Ya hacía tiempo que no me ocurría, pero anoche tuve que llevar a mi nena mayor a urgencias, porque llevaba tiempo con fiebre… ¡y al llegar no tenía fiebre!

Empiezo a pensar que mi coche es medicinal como el agua de Carabaña. Pasas toda la tarde pendiente de alguna afección, termómetro en mano. De pronto pasas la línea roja y desde el 061 te recomiendan que te pases por urgencias. Llegas allí y la niña no solo esta normal, sino que además esta súper contenta porque  ha salido a pasear por la noche. Y yo con cara de haba, explicando que lleva toda la tarde alicaída, con fiebre…


Pero contemos la historia completa, porque tú no estás en mi cabeza y seguro que no te estas enterando de nada.

El martes empezamos con la fiebre. Pero no una fiebre constante, si no raruna. A ratos tenía fiebre, otros ratos no. Le dabas el paracetamol y no bajaba la fiebre, luego bajaba sola… La noche fue movida, porque tan pronto media la temperatura y estaba en 37 grados, como la media y estaba en 38’5. Probaba con dos termómetros y la locura era total, porque las medidas unas veces coincidían y otras no.

Pasamos la noche con más pena que gloria, y mi niña hizo una de sus rarezas. Tener más fiebre por la mañana que por la noche. Así que mi mujer se la llevo a la pediatra y nos dijeron que no tenía síntomas de nada, que seguramente estaría incubando algo. Paracetamol y agua.

Por la tarde, mi mujer le tuvo que dar una ducha, porque pasamos de los 39 grados. Al acostarla, 37 clavados. ¡Bien! A la una de la mañana, pasaba un poquito de 37, pero con el calor que hace estos días, y abrazada a su pequeño pony como si le fuera en ello la vida, tampoco le di más importancia. Hasta que media hora después, la desperté para darle el paracetamol y ya pasaba de 38 grados.

La bonita teoría dice que en unos 40 minutos el paracetamol hace bajar la fiebre. Que bonitas teorías. Llamada al 061, me piden datos y más datos y me pasan con un pediatra que me recomienda llevarla a urgencias, porque en mi centro de salud no tienen pediatra de guardia.

Dos y media de la mañana, al coche y paseíto a urgencias. Yo con más sueño que la Bella Durmiente y mi enana atrás en su silla, contándome los dibus que había visto por la tarde, cantando canciones, diciéndome el color de cada semáforo (todos rojos, claro) y preguntando porque  entramos en ese túnel, a donde va ese coche…

Por fin en urgencias, yo contando que lleva dos días con fiebre y la !!@##@¡!  tiene 37 clavados. Le cuento a la pediatra de guardia que lleva dos días con fiebre y a su cara de asesina tengo que aclarar que por la mañana había ido a la pediatra y no le habían visto nada. Me preguntan como 15 veces por las vacunas, y yo jurando y perjurando que las tiene todas puestas y en orden.

Pasamos a la auscultación, y comienza el espectáculo. Mi enana aterrorizada en la camilla, no por la médica, ni el otoscopio ni el fonendo. Rígida como un palo y agarrada a mis manos como una lapa porque decía que se iba a caer de la camilla.

Y por fin tenemos diagnóstico. Placas en la garganta, aun incipientes. Adiós paracetamol adiós. Hola ibuprofeno, hola amoxicilina.

De regreso a casa, parada en una farmacia 24 horas. La peque dibujando y cantando la canción de La Princesa Sofia y yo pensando: “cloroformo, hoy no la duermo ni con cloroformo” Pero bueno, al final ha dormido sin demasiado esfuerzo.

En fin, creo que soy buen padre. Puedo cantar la canción de La Princesa Sofia mientras conduzco a las cuatro de la mañana buscando una farmacia 24h. ¡Qué demonios buen padre!  ¡Soy Superman! …. Bueno, vale, Supersomnoliento. Espero que no lo note mi jefa.

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